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La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca autoriza la comercialización de un nuevo maíz genéticamente modificado de Corteva Seeds Argentina S.R.L., que promete mayor rendimiento, protección contra insectos y tolerancia a múltiples herbicidas. Un avance que abre debates sobre el futuro del campo y la seguridad alimentaria.
Una noticia que sacude al sector agropecuario: el Gobierno, a través de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, ha dado el visto bueno para la comercialización de un innovador maíz genéticamente modificado (GM). Se trata del evento acumulado DAS-Ø1131-3 x DP-91Ø521-2 x DP-2Ø2216-6 x DAS-4Ø278-9, desarrollado por la firma CORTEVA SEEDS ARGENTINA S.R.L., un gigante del agro.
Este nuevo maíz no es uno más. Sus características prometen un verdadero salto para los productores: un potencial de incremento de rendimiento significativo, una protección avanzada frente a ciertos insectos lepidópteros plaga (como la oruga cogollera, un dolor de cabeza para los agricultores) y, quizás lo más impactante, tolerancia a una amplia gama de herbicidas: desde el archiconocido glifosato hasta el glufosinato de amonio, el ácido 2,4-D y los ariloxifenoxipropionato (AOPP) como el haloxifop.
La decisión se basa en tres dictámenes técnicos independientes, incluyendo los de la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA) y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). Ambos organismos concluyeron que este maíz GM "no presenta nuevos riesgos o riesgos incrementados respecto del cultivo de otros maíces y, por lo tanto, se concluye que su liberación al agroecosistema es tan segura como la de cualquier maíz comercial" y "apto para consumo humano y animal". Es decir, los expertos afirman que es seguro.
Impacto y controversia:
Para los agricultores, esta autorización significa una nueva herramienta para combatir plagas y malezas, lo que podría traducirse en mayor eficiencia y rentabilidad. Sin embargo, la liberación de maíces con tolerancia a múltiples herbicidas siempre reaviva el debate sobre el impacto ambiental y la resistencia de las malezas a largo plazo. Además, se exige a Corteva un Plan de Manejo de Resistencia de Insectos (PMRI) antes de la inscripción de los cultivares, un punto clave para evitar problemas futuros.
Esta medida posiciona a Argentina a la vanguardia de la biotecnología agrícola, pero también invita a una reflexión profunda sobre el equilibrio entre la productividad, la sostenibilidad y la salud pública.