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La ANAC aprueba la Parte 77 de las RAAC, endureciendo las regulaciones sobre obstáculos y actividades que puedan afectar la seguridad de las operaciones aéreas. Un golpe a la especulación inmobiliaria y un respiro para los pilotos.
La Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) ha dado un paso fundamental para la seguridad de los cielos argentinos con la aprobación de la Parte 77 de las Regulaciones Argentinas de Aviación Civil (RAAC), titulada 'Objetos, Implantaciones y Actividades que pueden afectar negativamente la seguridad o regularidad de las operaciones aéreas'. Esta resolución, que entra en vigencia a partir de su publicación, busca alinear la normativa nacional con los estándares internacionales más exigentes de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), específicamente la Enmienda 18 al Volumen I del Anexo 14 del Convenio de Chicago.
La nueva Parte 77 establece requisitos estrictos para cualquier persona física o jurídica que pretenda emplazar objetos, desarrollar actividades o instalar estructuras en el entorno aeroportuario. Esto incluye desde edificios y antenas hasta grúas o incluso actividades que generen humo o luz que puedan interferir con las operaciones aéreas. El objetivo es claro: minimizar los riesgos de accidentes y garantizar la regularidad y seguridad de los vuelos.
Para la industria de la construcción y los desarrolladores inmobiliarios cercanos a aeropuertos, esta normativa representa un cambio significativo. Ahora deberán someterse a controles más rigurosos y cumplir con especificaciones técnicas detalladas sobre las superficies limitadoras de obstáculos (OLS) y las ayudas visuales. La especulación inmobiliaria en zonas adyacentes a aeropuertos podría verse seriamente limitada, privilegiando la seguridad por encima del desarrollo sin control.
La medida también es un compromiso del Estado argentino con los estándares globales de seguridad operacional, un punto clave para la credibilidad y el prestigio de nuestra aviación a nivel internacional. Si bien puede generar fricciones en algunos sectores, el beneficio de tener cielos más seguros es incalculable. Los ciudadanos comunes, al final del día, son los principales beneficiarios de estas regulaciones que buscan proteger cada despegue y cada aterrizaje.