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El INV sorprende al sector vitivinícola con la aprobación de dos nuevas prácticas enológicas: citrato de cobre para eliminar 'defectos' y bicarbonato de potasio para ajustar la acidez. ¿Vinos 'más perfectos' o menos naturales?
El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) descorcha dos nuevas resoluciones (29/2025 y 30/2025) que agitarán el paladar de los puristas y aliviarán a los productores. En un movimiento que busca modernizar las prácticas enológicas, se autoriza el uso de citrato de cobre y bicarbonato de potasio en la elaboración de nuestros preciados vinos. ¿El objetivo? Combatir los "defectos" y afinar la acidez, pero la pregunta es: ¿hasta dónde llega la mano del hombre en la naturaleza del vino?
La Resolución 29/2025 del INV pone fin al misterio de los olores desagradables en el vino. Se autoriza la adición de citrato de cobre para neutralizar el sulfuro de hidrógeno y sus derivados, esos compuestos que le dan al vino un indeseable aroma a huevo podrido o azufre. La dosis máxima permitida es de UN GRAMO POR HECTOLITRO (1 g/hl), y el precipitado cúprico resultante debe ser eliminado por filtración. Esta práctica, ya avalada por la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) y la Unión Europea, busca garantizar que solo los aromas más nobles lleguen a nuestra copa. Para los productores, es una herramienta poderosa para salvar partidas de vino que, de otra forma, serían invendibles, mejorando la calidad percibida por el consumidor final.
Por su parte, la Resolución 30/2025 introduce el bicarbonato de potasio como una práctica enológica lícita para la desacidificación de mostos y vinos. Este compuesto reacciona con los ácidos, principalmente el tartárico, formando bitartrato de potasio que precipita y reduce la acidez. La medida es crucial en regiones donde las uvas tienden a tener una acidez elevada, permitiendo a los enólogos lograr un equilibrio más armonioso y agradable en boca. La condición es que el vino desacidificado conserve al menos UN GRAMO POR LITRO (1 g/l) de ácido tartárico, asegurando que no se pierda la estructura y frescura característica. Al igual que el citrato de cobre, esta técnica cuenta con el respaldo de la OIV y la normativa europea.
Estas autorizaciones, si bien buscan mejorar la calidad y la competitividad de la industria vitivinícola argentina, reabren el debate sobre la "naturalidad" del vino. Mientras que para muchos son herramientas esenciales para corregir problemas y optimizar el producto, otros argumentan que cada aditivo aleja al vino de su expresión más pura. Lo cierto es que la industria avanza y el INV, con estas resoluciones, se alinea con las tendencias internacionales, permitiendo a nuestros vinos competir con estándares globales de calidad y estabilidad. Los consumidores, en última instancia, serán quienes juzguen el resultado en cada botella.
19 de agosto de 2025
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