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El Gobierno reconfigura ministerios clave: suprime la Secretaría de Prensa, potencia Comunicación y Medios y blinda la Inteligencia de Estado, en un movimiento que redefine el organigrama presidencial.
Un nuevo decreto presidencial sacude la estructura de la Administración Pública Nacional, con cambios profundos en la Casa Rosada. El Decreto N° 121/2025, firmado por el Presidente y el Jefe de Gabinete, oficializa la supresión de la SECRETARÍA DE PRENSA de la Presidencia de la Nación, una movida que ya se venía gestando y que centraliza aún más la comunicación oficial.
La gran beneficiada de esta reestructuración es la SECRETARÍA DE COMUNICACIÓN Y MEDIOS, que ahora absorberá gran parte de las funciones de la ex-Secretaría de Prensa. Su organigrama se expande, incorporando una Unidad Gabinete de Asesores, Subsecretarías de Coordinación Administrativa, de Vocería y Comunicación de Gobierno, de Medios Públicos y, sorpresivamente, una Subsecretaría de Prensa. Esto sugiere una reorganización interna para manejar la narrativa oficial y la relación con los medios, incluyendo los públicos, bajo un único paraguas.
Además, se incorpora formalmente la SECRETARÍA DE INTELIGENCIA DE ESTADO al organigrama de la Administración Nacional, blanqueando y consolidando un área de vital importancia estratégica y de seguridad. Este movimiento, que ya había sido anticipado por el Decreto N° 614/24, ahora se integra plenamente en la estructura de la Presidencia de la Nación.
Entre las transferencias más llamativas, la Dirección de Realización Audiovisual de la Presidencia de la Nación, junto con sus coordinaciones, pasa de la Secretaría de Comunicación y Medios a la Subsecretaría de Asuntos Presidenciales de la Secretaría General. Esto implica que la gestión directa de la cobertura fotográfica y videográfica de las actividades del Presidente quedará bajo la órbita de Secretaría General, un detalle no menor en la construcción de la imagen presidencial.
Para el ciudadano, estos cambios pueden parecer puramente administrativos, pero impactan directamente en la estrategia comunicacional del Gobierno y en la forma en que se gestiona la información sensible. La centralización de la comunicación y la formalización de la Inteligencia de Estado son señales claras de un modelo de gestión que busca mayor control y eficiencia en áreas estratégicas. Se eliminan cargos extraescalafonarios y se reasignan responsabilidades, aunque el decreto asegura que no habrá incremento en la cantidad de unidades organizativas ni de partidas presupuestarias, buscando una optimización de recursos.