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Comisiones conjuntas definen límites de captura para pescadilla, gatuzo y pez ángel, buscando equilibrar la explotación con la supervivencia de las especies en el Río de la Plata y su Frente Marítimo. ¿Se viene la veda o la bonanza para el sector?
Las Comisiones Administradora del Río de la Plata y Técnica Mixta del Frente Marítimo han desatado una ola de regulaciones que impactará directamente en la actividad pesquera de Argentina y Uruguay. A través de tres resoluciones conjuntas, se establecen las Capturas Totales Permisibles (CTP) para especies clave, marcando un rumbo precautorio para los años 2025 y 2026.
Para la pescadilla (Cynoscion guatucupa), la CTP se fijó en 19.000 toneladas anuales para 2025 y 2026. De este total, solo 17.000 toneladas estarán habilitadas para la pesca, dejando una "reserva administrativa" de 2.000 toneladas. Esta medida, según las comisiones, busca asegurar la sustentabilidad del recurso, que es vital para la flota pesquera de ambos países. Es un claro mensaje de que la explotación desmedida tiene sus días contados.
El gatuzo (Mustelus schmitti) y el pez ángel/angelito (Squatina guggenheim) también enfrentan restricciones significativas. Para 2025, la CTP del gatuzo se fijó en 2.000 toneladas, con 1.700 toneladas habilitadas para pesca y 300 toneladas de reserva. Aquí, la novedad es un límite adicional: si se habilita la reserva, el desembarque máximo de gatuzo no deberá superar el 10% del total de la captura en cada marea. Una medida que busca frenar la presión sobre esta especie, cuya biomasa poblacional se busca recuperar.
Similarmente, para el pez ángel/angelito, la CTP de 2025 será de 2.000 toneladas, con 1.700 toneladas para pesca y 300 toneladas de reserva.
"La conservación y la explotación racional son imperativos para el futuro de nuestra pesca", reza el espíritu de estas resoluciones.
Estas resoluciones son un golpe de timón hacia una pesca más responsable. Para los pescadores y empresas del sector, implica una adaptación a cupos más estrictos y una mayor planificación. Si bien la medida busca proteger el recurso a largo plazo, en el corto plazo podría generar tensiones por la limitación de capturas. La clave estará en cómo se administren las reservas y si las flotas logran optimizar sus operaciones dentro de los nuevos marcos. Es una señal clara de que la presión sobre los recursos marinos exige acciones concretas, y que la cooperación binacional es fundamental para su éxito.
Para el ciudadano común: Estas medidas, aunque técnicas, son cruciales. Aseguran que las especies que llegan a tu mesa se sigan reproduciendo y que la actividad pesquera tenga un futuro. Es una inversión en el ecosistema marino que nos beneficia a todos.