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El Instituto Nacional de Vitivinicultura da luz verde al citrato de cobre para eliminar olores y sabores indeseables, una medida que genera debate entre puristas y tecnólogos del vino.
El Boletín Oficial acaba de soltar una bomba que sacudirá el mundo del vino argentino: el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), mediante la Resolución 29/2025, ha autorizado el uso de citrato de cobre como una práctica enológica lícita. ¿El objetivo? Combatir esos indeseables olores y sabores a sulfuro de hidrógeno y sus derivados, que pueden arruinar una botella y la experiencia del consumidor.
La medida, que se publica el 18 de agosto de 2025, permite a los productores vitivinícolas utilizar este compuesto para 'limpiar' vinos que, por problemas en la fermentación o el almacenamiento, desarrollen estos defectos. Según el INV, el citrato de cobre reacciona con los sulfuros, formando un precipitado que luego se elimina por filtración, dejando un vino sin esos desagradables aromas a 'huevo podrido' o 'goma quemada'.
El contexto internacional no es menor: la ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DE LA VIÑA Y EL VINO (OIV) ya admite esta práctica desde 2008, y la UNIÓN EUROPEA también la contempla en su normativa. Esto podría interpretarse como una puesta al día de Argentina con los estándares globales de la industria.
Para los bodegueros, es una herramienta poderosa para salvar partidas de vino que de otro modo serían invendibles, reduciendo pérdidas y garantizando una mayor estabilidad en la calidad. Para el consumidor, la promesa es clara: menos chances de encontrarse con vinos defectuosos. Sin embargo, la noticia no deja de abrir el eterno debate sobre la intervención enológica y la 'naturalidad' del vino. ¿Hasta dónde es lícito modificar el producto original?
La resolución establece límites claros: la dosis de citrato de cobre no puede superar UN GRAMO POR HECTOLITRO (1 g/hl), y el contenido final de cobre en el vino debe cumplir con la normativa vigente. Además, el precipitado debe ser obligatoriamente eliminado. Las infracciones, claro, serán severamente sancionadas bajo el Artículo 24 de la Ley Nº 14.878.
Para el ciudadano de a pie: esto significa que los vinos que consuma podrían tener menos defectos, aunque con un proceso de elaboración ligeramente más 'tecnológico'. Es una balanza entre la pureza y la perfección sensorial que busca la industria.
Para estar al tanto de futuras actualizaciones o debates sobre este y otros aditivos, es crucial seguir las comunicaciones del INV y los análisis de especialistas en vitivinicultura.
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