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El Ministerio de Seguridad reglamentó el uso de 'agentes encubiertos y reveladores digitales' para combatir el ciberdelito, extendiendo las herramientas de investigación a redes sociales y sitios web. ¿El fin de la impunidad online o un paso más hacia la vigilancia masiva?
El Ministerio de Seguridad Nacional, bajo la batuta de Patricia Bullrich, acaba de dar un golpe de timón en la lucha contra el crimen organizado, aprobando el "PROTOCOLO PARTICULAR PARA LA ACTUACIÓN DE LOS AGENTES ENCUBIERTOS Y REVELADORES DIGITALES". Esta medida, publicada en el Boletín Oficial, no es un detalle menor: formaliza y expande la presencia del Estado en el intrincado mundo digital para desbaratar redes criminales.
La Ley N° 27.319 ya habilitaba el uso de agentes encubiertos y reveladores en investigaciones. Sin embargo, con la explosión de la criminalidad en plataformas digitales –desde el narcotráfico y la trata de personas hasta las estafas y el terrorismo que operan en la dark web o redes sociales–, se hizo imperioso adaptar las herramientas a esta nueva realidad. Este protocolo es la respuesta: ahora, la Policía Federal, Gendarmería, Prefectura Naval y Policía de Seguridad Aeroportuaria, junto al Servicio Penitenciario Federal, tienen un marco explícito para que sus agentes operen online.
Esto significa que un agente, con autorización judicial, podrá interactuar en foros, redes sociales o cualquier sitio web, haciéndose pasar por un usuario más para recabar pruebas y desmantelar organizaciones delictivas. Es una extensión del ojo estatal a cada rincón de la red.
Para la sociedad, la medida es un arma de doble filo. Por un lado, promete mayor eficacia en la persecución de delitos complejos que antes encontraban refugio en el anonimato digital. La posibilidad de infiltrar grupos criminales online podría ser clave para desbaratar operaciones millonarias y proteger a víctimas vulnerables.
Por el otro, y aquí viene la gran pregunta: ¿hasta dónde llega el límite de la vigilancia? Aunque el protocolo exige la intervención judicial, la idea de que un "agente digital" pueda estar presente en nuestras interacciones online, incluso en escenarios aparentemente inofensivos, genera un debate inevitable sobre la privacidad y las libertades individuales. Es crucial que los ciudadanos sepan que sus interacciones digitales pueden ser parte de una investigación, siempre que haya sospechas fundadas y aval judicial.
"Estas figuras brindan a las Fuerzas Policiales y de Seguridad Federales, al MINISTERIO Público Fiscal y al Poder Judicial, las herramientas necesarias para profundizar la prevención y lucha contra los delitos complejos, a través de nuevas metodologías de investigación", reza el texto oficial.
La resolución instruye a las fuerzas a difundir este protocolo, lo que subraya la urgencia de adaptar las metodologías de seguridad a la era digital. Es un paso gigante para el Estado argentino en su capacidad de control y prevención del delito en el ciberespacio, pero que sin dudas generará discusiones acaloradas sobre el equilibrio entre la seguridad y la privacidad en el mundo hiperconectado.
18 de febrero de 2026
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