Recibe los análisis más provocadores del Boletín Oficial. No es una newsletter, es un manifiesto diario.
Nos tomamos en serio tu privacidad. No compartiremos tu información.
La Secretaría de Energía mete mano en el mercado y establece los valores mínimos para el biodiesel y el bioetanol de caña y maíz, ¿salvavidas para productores o distorsión para el surtidor?
En una jugada que vuelve a encender el debate sobre la intervención estatal en la economía, la Secretaría de Energía, dependiente del Ministerio de Economía, ha publicado dos resoluciones clave (296/2025 y 297/2025) que fijan los precios mínimos de adquisición de biocombustibles para el mes de julio de 2025. Esta medida, enmarcada en la Ley N° 27.640 de Biocombustibles y bajo la emergencia pública declarada por el Decreto N° 70/2023 y la Ley de Bases N° 27.742, busca evitar distorsiones en los precios de los combustibles fósiles en el pico del surtidor.
Concretamente, la Resolución 297/2025 establece el precio del biodiesel en un impactante $1.302.411 por tonelada, con un plazo de pago de apenas siete días. Por su parte, la Resolución 296/2025 fija el valor del bioetanol de caña de azúcar en $800,043 por litro y el de maíz en $733,260 por litro, con un plazo de pago de treinta días. Estos valores son mínimos y rigen para la mezcla obligatoria con gasoil y nafta, respectivamente.
¿Qué significa esto para el bolsillo? Para los ciudadanos, la justificación oficial es evitar que los vaivenes del mercado de biocombustibles impacten en el precio final de la nafta y el gasoil. Sin embargo, para los productores de biodiesel, caña de azúcar y maíz, esta intervención asegura un piso de rentabilidad, protegiéndolos de la volatilidad. La medida, que ya venía siendo anticipada por resoluciones anteriores, genera un entorno de predictibilidad para estas industrias, aunque también plantea interrogantes sobre la eficiencia del mercado y la verdadera competencia.
El Gobierno argumenta que es necesario atender el contexto actual de emergencia para fijar precios que se ajusten a la necesidad de estabilidad. Sin embargo, críticos podrían señalar que esta política, aunque busca el bienestar general al estabilizar precios, también podría desincentivar la eficiencia y la innovación si los precios no responden a la dinámica real de costos y demanda. Mantenerse informado sobre las futuras resoluciones de la Secretaría de Energía será crucial para entender cómo evoluciona esta política de precios.
'La fijación de precios mínimos es una espada de doble filo: da previsibilidad a los productores, pero puede generar distorsiones a largo plazo en el mercado y en la cadena de valor energético.'