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En medio del receso legislativo, el Presidente designa 'en comisión' a Fernando Iglesias como Embajador en Bélgica, garantizando la representación diplomática sin el aval inmediato del Senado. ¿Es una jugada audaz o una necesidad imperiosa?
La diplomacia argentina no se toma vacaciones. Con el H. Congreso de la Nación en receso, el Presidente de la Nación ha recurrido al artículo 99, inciso 19 de la Constitución Nacional para nombrar 'en comisión' al señor Fernando Adolfo Iglesias (D.N.I. N° 12.917.076) como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante el Reino de Bélgica. Este decreto, el 6/2026, busca asegurar la continuidad en la representación diplomática en un país clave para las relaciones con la Unión Europea.
La Constitución faculta al Presidente a cubrir vacantes que requieran acuerdo del Senado durante su receso, con nombramientos que expirarán al final de la próxima Legislatura. Esto significa que la designación de Iglesias deberá ser ratificada por el Senado una vez que retome sus actividades. La medida, aunque constitucional, siempre genera debate sobre el equilibrio de poderes, especialmente cuando se trata de figuras con perfil político marcado.
El texto oficial destaca que Iglesias posee las "condiciones de idoneidad, experiencia y trayectoria profesional necesarias" para el cargo, y que el Gobierno de Bélgica ya concedió el plácet de estilo. Este movimiento subraya la importancia de mantener una representación activa en el exterior, especialmente en un contexto internacional complejo. Para el país, la continuidad de las relaciones bilaterales y la atención a los asuntos internacionales son vitales, y el costo de esta designación se imputará al Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.