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Un decreto presidencial modifica anexos clave de la Nomenclatura Común del MERCOSUR, alterando el tratamiento arancelario de importaciones y bienes de capital. ¿Un guiño a la producción nacional o una movida estratégica en el comercio regional?
El Gobierno Nacional ha dado un golpe de timón en la política comercial con la firma del Decreto N° 513/2025, que sustituye anexos fundamentales del Decreto N° 557/23, el cual incorporó la Nomenclatura Común del MERCOSUR (N.C.M.) y su Arancel Externo Común (A.E.C.) a la legislación argentina. Esta medida, con fecha del 28 de julio de 2025, entrará en vigencia al día siguiente de su publicación.
Los anexos modificados son el Anexo II (Lista Nacional de Excepciones al Arancel Externo Común), el Anexo III (Bienes de Capital con Derecho de Importación Extrazona Diferencial) y el Anexo V (Lista de Alícuotas Sujetas al Incremento Arancelario Transitorio). Estas modificaciones tienen como objetivo declarado "equilibrar los niveles de protección con los incentivos para la producción y mejorar la competitividad y el precio al que acceden los consumidores a ciertos bienes". En otras palabras, el Ejecutivo busca ajustar los aranceles para bienes de capital (BK) y bienes de informática y telecomunicaciones (BIT), pudiendo aplicar alícuotas de hasta CERO POR CIENTO (0%) en algunos casos.
La medida se ampara en la facultad del Poder Ejecutivo Nacional para modificar derechos de importación, con el fin de promover, proteger o conservar actividades nacionales productivas y estabilizar precios internos. Esto es una señal clara de la intención del gobierno de utilizar la política arancelaria como herramienta para influir en la economía real.
Para dar seguridad jurídica a los operadores, las mercaderías en tránsito o ya en zona aduanera con las posiciones arancelarias 2934.99.22 y 8450.20.20 mantendrán el tratamiento arancelario anterior, siempre que la solicitud de importación se registre en un plazo de 60 días.
Estos cambios arancelarios pueden afectar el precio final de productos importados, especialmente bienes de capital y tecnología. Si el objetivo es bajar costos para la producción local, podríamos ver una mejora en la competitividad de ciertas industrias y, eventualmente, una baja de precios o mayor oferta de bienes. Sin embargo, también podría generar presiones en sectores que se beneficiaban de aranceles más altos. Mantente informado sobre cómo esto podría impactar el costo de vida y los productos que consumís.