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En una movida clave para el consumo, el Ejecutivo postergó por un mes más los incrementos de impuestos a naftas y gasoil, buscando "estimular la economía" y evitar un golpe directo al bolsillo de los argentinos.
Justo cuando el termómetro de la economía marcaba un nuevo aumento inminente, el Gobierno Nacional, mediante el Decreto 699/2025, anunció un "respiro" para automovilistas y transportistas: la postergación parcial de los incrementos en los impuestos sobre los combustibles líquidos y al dióxido de carbono. Esta medida, que entra en vigencia a partir del 1° de octubre de 2025, difiere hasta el 1° de noviembre de 2025 los aumentos remanentes que corresponden a las actualizaciones del año calendario 2024 y los primeros dos trimestres de 2025.
En la práctica, la nafta sin plomo, la nafta virgen y el gasoil mantendrán sus precios actuales por un mes más, ya que los impuestos que debían aplicarse ahora se trasladan a noviembre. La justificación oficial es "continuar estimulando el crecimiento de la economía a través de un sendero fiscal sostenible". Sin embargo, esta es una historia que se repite: las actualizaciones de estos impuestos, que deberían ser trimestrales según la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC, han sido sucesivamente diferidas a lo largo del tiempo. Esto genera un alivio temporal en los precios en surtidor, pero también acumula un "pasivo" fiscal que, eventualmente, deberá ser saldado, generando incertidumbre sobre futuros aumentos. Es un delicado equilibrio entre la necesidad fiscal y el impacto en el poder adquisitivo de los ciudadanos y la competitividad de las empresas.