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El Gobierno redobla la apuesta y eleva a $6 millones la recompensa para quien aporte datos sobre Natalia Acosta, desaparecida desde 2009. ¿Será suficiente para romper el pacto de silencio y traer justicia?
El Ministerio de Seguridad Nacional acaba de lanzar una medida desesperada y millonaria: incrementó a la asombrosa suma de SEIS MILLONES DE PESOS ($6.000.000) la recompensa para quien brinde información clave sobre el paradero de Natalia Liliana Soledad Acosta. La joven, oriunda de Santo Tomé, Santa Fe, lleva desaparecida desde el 29 de mayo de 2009, una década y media de incertidumbre que ha dejado a su familia en vilo.
Esta decisión, publicada en el Boletín Oficial, no es una mera formalidad. Es un grito de auxilio del Estado ante un caso que parece estancado. La recompensa original de $4.000.000, ofrecida en 2023, no arrojó resultados útiles. Fue la Unidad Fiscal Santa Fe, a cargo del Dr. Walter Alberto Rodríguez, quien solicitó este aumento, reconociendo que el tiempo transcurrido y la falta de datos exigían una nueva estrategia.
El cambio es directo: el monto de la recompensa. Esto afecta a la sociedad en general, pero especialmente a quienes puedan tener información y hasta ahora no se animaron a hablar. La esperanza es que un incentivo económico tan significativo rompa barreras de miedo o complicidad, y finalmente se arroje luz sobre este misterio que conmueve a Santa Fe y al país. Natalia, nacida el 29 de febrero de 1988, con DNI N° 33.559.042, fue vista por última vez en la intersección de Suipacha y 25 de Mayo en la capital santafesina. Sus características físicas, según la resolución, son: aproximadamente 1.70 mts. de estatura, cabello negro, ojos marrones, tez blanca y contextura delgada.
El pago de la recompensa se realizará de manera confidencial, garantizando la identidad del aportante, un punto clave para fomentar la participación. Quienes tengan datos útiles pueden comunicarse, de forma anónima y gratuita, a la línea 134 del Programa Nacional de Recompensas.
Esta medida subraya la persistencia del Estado en la búsqueda de personas desaparecidas, aunque también deja entrever la complejidad y la falta de avances en casos de larga data. Es un recordatorio crudo de que, a pesar de los años, hay familias que siguen esperando respuestas. La difusión masiva de este ofrecimiento en medios y fuerzas de seguridad es crucial para que el mensaje llegue a cada rincón y, quizás, esta vez, se logre el milagro.