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El SENASA lanza un marco regulatorio draconiano para la faena de équidos destinados a exportación, con microchips obligatorios y recetas electrónicas para medicamentos, buscando blindar el acceso al codiciado mercado europeo.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) ha desatado una verdadera revolución en la cadena de producción de carne equina con la aprobación de un Marco Regulatorio para la Provisión de Équidos para Faena Exportación. Esta medida, que entra en vigencia al día siguiente de su publicación, es una respuesta directa a las exigencias crecientes de los mercados internacionales, especialmente la Unión Europea (UE), que demandan controles sanitarios de altísimo nivel para garantizar la inocuidad y calidad alimentaria.
La resolución establece la obligatoriedad de la identificación individual electrónica (microchip) para todo equino que ingrese o se movilice dentro del 'Circuito de Provisión de Équidos a Faena Exportación'. Esto no es un detalle menor: el sistema de trazabilidad debe asegurar la procedencia y el destino de cada animal. Además, se fijan garantías sanitarias estrictas para los équidos destinados a la UE, que incluyen un período precautorio prefaena de al menos SEIS (6) meses para determinados productos veterinarios farmacológicos. Esto significa que los animales no podrán recibir ciertas sustancias durante ese lapso, y la información debe estar registrada en el Sistema Integrado de Gestión de Sanidad Animal (SIGSA).
Pero la medida más disruptiva es la implementación obligatoria de la Receta Veterinaria Electrónica (RVE) a partir del 1 de diciembre de 2025. A partir de esa fecha, los productos veterinarios farmacológicos de un listado específico solo podrán ser prescriptos a équidos a través de este sistema online del SENASA, sustituyendo al recetario en papel. El incumplimiento de esta prescripción y registro acarreará sanciones para los veterinarios intervinientes, además de las responsabilidades civiles y penales que puedan surgir.
Esta normativa impacta directamente a toda persona o empresa que posea équidos en Argentina, desde pequeños tenedores hasta grandes establecimientos de acopio. Si bien representa una carga administrativa y de inversión inicial para los productores, su objetivo final es garantizar el acceso de la carne equina argentina a mercados internacionales altamente rentables. La Argentina es un país exportador de este producto, y perder el mercado europeo por no cumplir con las normativas implicaría un golpe severo a la industria.
'La demanda de alimentos inocuos, producidos protegiendo el ambiente y la biodiversidad, con trazabilidad y certificación, cobra relevancia a la hora de concretar las transacciones para insertarse y mantenerse en los mercados más exigentes', subraya el SENASA. La medida busca alinear al país con las directrices europeas (como el Reglamento (UE) 2017/625 y la Directiva 96/22/CE) que prohíben el uso de hormonas y restringen ciertos antimicrobianos. Es un paso gigante hacia la modernización y el control en la producción agroalimentaria argentina, pero que sin dudas generará un fuerte debate en el sector.